Los trabajadores de la salud y el burnout: ¿quién cuida a los que nos cuidan?

Los trabajadores de la salud han sido, sin dudas, protagonistas en la pandemia de Covid-19. Muchos profesionales han dejado incluso su propia vida en la lucha. El exceso de trabajo, los riesgos laborales y el estrés se vieron profundizados por el contexto que planteó el Covid para el sistema sanitario. En este marco, urge hablar de la salud mental, del síndrome del quemado o burnout, y otras las problemáticas que aquejan al sector.

Históricamente los trabajadores de la salud han sido golpeados por las condiciones en las que ejercen su profesión: lesiones, alergias, diferentes tipos de violencia, estrés, riesgos laborales, exceso de trabajo, lidiar con la muerte a diario, entre otras. A esto se suma, en muchos casos, la precarización laboral.

Como lo afirma www.cdc.gov, aunque es posible prevenir o reducir la exposición de los trabajadores de salud a estos riesgos, hoy en día los trabajadores de este sector presentan cada vez más lesiones y enfermedades ocupacionales. Las tasas de lesiones ocupacionales de los trabajadores de salud han aumentado en la última década. Según el organismo, en comparación, la agricultura y la construcción, dos de las industrias más peligrosas, son más seguras en la actualidad que lo que eran hace una década.

Por otra parte, la salud mental de estos trabajadores ha tomado protagonismo durante la pandemia debido a los niveles de exigencia a los que se vieron expuestos. El burnout, síndrome del quemado síndrome de desgaste profesional, se ha puesto sobre el tapete y debemos empezar a hablar de él.

Qué es el burnout y cómo afecta a los trabajadores de la salud

El burnout laboral o “síndrome del quemado” es un desgaste que se ha cronificado, un estrés que se ha instalado, y que se manifiesta por diferentes signos que alteran el bienestar y disminuyen la productividad de las personas al interior de las organizaciones.

El burnout es un fenómeno que afecta a muchos profesionales y trabajadores pero que sobre todo se ha visto fuertemente durante la pandemia en las instituciones de salud, debido al estrés que han tenido que soportar.

Ante contextos adversos como el que nos ha tocado vivir, los trabajadores de la salud sienten que están nadando contra la corriente; que todos los esfuerzos puestos en pos de salvar vidas, mejorar la calidad de vida y, en definitiva, ayudar a los demás, no son suficientes. Viven, por otra parte, la pobreza, el ninguneo de su profesión y la precarización laboral. Toda esta mezcla de situaciones negativas da lugar al caldo de cultivo para las enfermedades mentales, entre ellas, el síndrome del quemado o burnout.

Es importante destacar que estudios recientes afirman que las personas que más productividad muestran son las más afectadas por el burnout. Por eso se vuelve fundamental abordarlo desde el paradigma del bienestar organizacional y no desde la productividad. Tal como afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS), es vital dejar de pensar al burnout como un desequilibrio entre la vida personal y la laboral, para entenderlo y enfrentarlo como una problemática específica de la organización. Entrenar a esos equipos en el trabajo de la detección temprana para intervenir y minimizar los sistemas que lo generan.

Cuáles son los síntomas del burnout

Los síntomas del burnout pueden ser variados, pero se destacan:
Cansancio físico crónico: este síntoma puede estar acompañado de dolores musculares, problemas gastrointestinales, falta de apetito, menstruaciones irregulares, entre otros.
Agotamiento mental: conlleva estrés, ansiedad e incluso signos de depresión.
Apatía y desapego: se manifiesta con irritabilidad e indiferencia en el trato laboral.
Baja en la productividad laboral y problemas para mantener la concentración: estos signos generan además frustración para la persona que los sufre.
Dificultad para dormir o descansar: el burnout produce un círculo vicioso que perjudica seriamente la salud de las personas.

El reconocimiento que los trabajadores de la salud merecen

Si bien los derechos de los trabajadores en el mundo con los años han adquirido reconocimiento, en el sector de la salud los derechos y las condiciones laborales todavía dejan mucho que desear.

La pandemia de Covid-19 puso en evidencia estas falencias y los riesgos a los que se enfrentan nuestros profesionales. Sin embargo, en momentos en que la pandemia parece haber terminado o estar en retirada, la humanidad se olvida de que es urgente cuidar a quienes nos han cuidado durante estos dos años.

Ante este panorama, necesitamos un modelo de pensamiento de autocuidado; trabajar para que el personal de salud vea respetados sus derechos y mejoradas sus condiciones laborales. Vivimos días en los que es menester reflexionar. La salud mental de los trabajadores de la salud está en crisis; el síndrome del quemado -el burnout-, el síndrome crónico de ansiedad e incluso la depresión están haciendo estragos en nuestros médicos, médicas, enfermeros, enfermeras y demás profesionales. Paradójicamente, hablamos de la seguridad de los pacientes pero jamás hablamos de la seguridad del personal y profesionales de la salud.

Cuál es el camino a seguir

Dos caminos se nos presentan y debemos elegir uno: ser partícipes y dejar que esta tragedia siga su curso, o ser protagonistas de un cambio. Se vuelve necesario entonces abordar estas problemáticas de una manera integral y desde el bienestar organizacional. Tomar cartas en el asunto ya mismo.

Una nueva mirada sobre el burnout es necesaria, basada en el bienestar y alejada de la productividad, la persona y su rendimiento y eficacia. Debemos entrenar a nuestros equipos y líderes en la detección temprana del burnout, y abordar la problemática desde las organizaciones. Nuestros líderes deben tener en la agenda diaria el síndrome del quemado; conducir sabiendo que estamos frente a un riesgo latente; cuidar a los equipos, sabiendo que las personas con mayor rendimiento son más propensas a sufrirlo.

Por otra parte, se vuelve necesario fomentar la formación y la participación, como así también, generar comunidades para encontrar soluciones colectivas a mediano y largo plazo. Sólo así podremos darle un respiro al sector y comenzar a trazar el camino de las transformaciones urgentes y fundamentales para el presente y el futuro de las organizaciones de la salud.

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